La Doctora en Geografía e Historia Eulalia Ribera
Carbó lo ha vuelto a hacer. Tras varios años en los cuales extrañábamos su presencia
literaria, su pluma ágil y precisa y su prosa investigativa, siempre atinada,
perspicaz, satisfactoria y prolija; este año arremete con una obra
histórico-literaria que nos muestra la Orizaba de antaño, la Pluviosilla
esplendorosa, en tonos grises y que alguna vez existiera en el preciso espacio
que hoy ocupamos.
Ribera
Carbó, fiel a su espejo diario, ha tornado a esta ciudad, que no la vio nacer,
ni crea en ella artificiosa nostalgia ni injustificado sentimiento chauvinista,
pero a la que tras dos décadas, ha aprendido a amar, a añorar y a sentirla como
propia, para mostrarnos una de sus magnas obras. Nos obsequia su último trabajo
histórico titulado “Imágenes y Ciudad. Orizaba a través de la lente, 1872-1910”
que realizó en coautoría con el Doctor en Historia Fernando Aguayo, experto en
fotografía antigua. Un libro fino y por lo mismo, delicado en su trato; uno de
esos libros que no puede ni debe tratárseles como si fuese un paquete de ropa
sucia, o un montón de papeles viejos; un libro, que, en definitiva y haciendo
abuso del viejo y celebérrimo cliché –nunca tan justificado como hoy, pese a su
constante reiteración abrumadora—“ningún orizabeño debería dejar de tener”.
Vademécum de la era porfiriana
pluviositana, la obra no nace en solitario: fue bajo el patrocinio de cuatro
instituciones que de manera entusiasta apoyaron este proyecto: el Instituto de
Investigaciones Dr. José María Luis Mora, la Universidad Veracruzana, la
Fundación Miguel Alemán A.C. y el Patronato del Archivo Histórico de la Ciudad
de Orizaba, A.C. Merced a estas organizaciones, los orizabeños podemos
deleitarnos con un amplio y siempre encantador y sugestivo texto investigativo,
producto de la lúcida y metódica mente de la doctora Ribera Carbó, así como de
las imágenes que nos obsequia. ¡Qué decir, y lo digo en tono festivo, de la
exquisitez de las fotografías y diversas reproducciones icónicas de la Orizaba
ancestral, señorial y legendaria! Aquella que sufrió la transición del solar,
del campanario, la jaculatoria y la leyenda hacia la nunca acabada modernidad,
el avance tecnológico y la exploración de nuevas formas arquitectónicas que hoy
son orgullo del corazón pluviositano.
Cuán bello nos resulta, página tras
página, el ir descubriendo y re-descubriendo a la “brumosa ciudad donde el
trópico se colgaba los velos de una cuaresma eterna”, cual dijera el eximio
Carlos Fuentes. Cuán satisfactorio debe resultarnos el ver, si bien en tonos
grises y en sepia, los paisajes urbanos y bucólicos que disfrutaran los viejos
(y ahora olvidados) orizabeños del ayer: Rafael Delgado, Silvestre Moreno Cora,
Ángel Argüelles Bringas, Sotero Ojeda, su esposa la siempre recordada Panchita
Rubira “Clemencia Isaura”; y tantos otros orizabeños de renombre y prosapia.
Hoy tenemos la oportunidad de
redescubrir a la Orizaba de sus anhelos, con sus piedras añejas, sus paredes
húmedas, sus árboles hoy caídos, sus vestuarios, carrozas y calandrias, las
baldosas por las que transitaron nuestros ancestros y los tejados que los
protegieron de la misma pertinaz lluvia que hoy nos acaricia aún, para
recordarnos la razón por la que el mote característico de Orizaba es, y seguirá
siendo “Pluviosilla”. Reconocer, entre la bruma, el viejo campanario de El
Calvario, el pastizal que ahora ocupa el Parque de La Concordia o el apreciar a
nuestro Cerro del Borrego sin árboles y casi seco, son joyas iconográficas que
nos obsequia el libro de Ribera Carbó y Aguayo.
Un
deleite tener y leer, ora como consulta ocasional, ora como lectura
consecutiva, cuasi obligada diría yo, este libro. Un orgullo el formar parte
del Patronato del Archivo Histórico de la Ciudad de Orizaba, co-patrocinador de
esta monumental obra que nos muestra un reflejo preciso de la Orizaba de antaño,
una realidad detenida en el tiempo (la magia de la fotografía), que nos antoja
a, por lo menos por esta obra, visitar la Feria del Libro de Orizaba y
adquirirlo. Aunque sea solo por “Imágenes y Ciudad”, debemos hacer esa visita y
salir con él bajo el brazo.